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En los negocios, las grandes ideas no existen

El verdadero valor en los negocios no reside en las ideas, reside en los procesos para transformarlas en una realidad viable. Hoy, te hablo de ideas y de cómo validarlas para que se conviertan en negocios.

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Lo que si existe son los grandes procesos para transformarlas en un negocio.

Me explico.

A lo largo de mi vida, he participado en el alumbramiento de muchas ideas que finalmente se han convertido en negocios. También lo he hecho de muchos otras que no lo han conseguido (la realidad es que mucho más de estas últimas).

Puedo decir incluso que a título personal he fracasado hasta en cuatro intentos de los que algún día hablaré en otra publicación, porque fueron un inmenso aprendizaje.

Pero lo importante es que en ninguno de los casos anteriores, las ideas han dibujado la delgada línea entre el éxito o el fracaso. Esa línea la han dibujado los procesos de transformación y verificación que hay que aplicar a una idea para convertirla en negocio.

Tienen muchos nombres, pero a mí el que me gusta es el de validaciones.

Ejemplos de cómo validar una idea de negocio

De repente, alguien te presenta una idea que cree única, genial y disruptiva en su mercado. Una idea que va a ser un éxito, que es genuina y tan buena que aún no se la ha contado a nadie porque se la quitarían de las manos.

Es entonces cuando te sientas a su lado y empiezas a realizar los primeros ejercicios de validación. Ya en esos primeros pasos, descubres cosas sorprendentes.

  • Como por ejemplo, que no había realizado una investigación básica de mercado y por eso su idea se mantenía tan única, pero la realidad es que ya existía y estaba totalmente aterrizada en su sector.

  • Como por ejemplo, que el proceso de conversión de su idea en un producto o servicio, era diez  veces más costosa y su precio acababa estando tan fuera de mercado, que no valdría la pena llevarla a cabo.

  • Como por ejemplo, que su idea era inviable porque no cumplía con los requisitos para su comercialización, no era segura o estaba directamente prohibida.

  • Como por ejemplo, que al realizar un test de producto entre sus clientes potenciales,  estos ratificaban lo contrario, que no era una idea genial, que no la necesitaban y que no pagarían por ella.

Hay muchos más ejemplos, pero estos son algunos extraídos de mi experiencia como consultor. Aunque este texto pueda parecer que encierra un mensaje negativo, nada más lejos de la realidad.

Estos fracasos generalmente son la parte creativa de la validación. Son transformadores y en ellos es donde realmente se puede encontrar oro puro para los negocios.

Cuando se inicia la validación de una idea, esta pasa por muchos cambios. A veces se trata solo de cambios cosméticos, superficiales, que no implican realizar un viraje demasiado grande al respecto de la idea inicial.

Otras veces, el cambio es radical. La idea que servía para cubrir una necesidad a un público determinado, vira y se transforma en una o varias ideas totalmente nuevas que ofrecen más y mejores oportunidades de negocio.

Por lo tanto, que tu idea acabe fracasando puede ser bueno. En serio, vuelve a leer la frase, repítela unas cuantas veces con tu voz interior y asimila esa idea. Que tu idea acabe fracasando puede ser bueno.

El amor por las ideas

Todos hemos estado enamorados de nuestras ideas inicialmente, todos hemos acabado endiosados y hemos vivido ese momento de iluminación, como si algo o alguien nos hubiera elegido para llevar a cabo una misión.

Miramos a un lado y a otro pendientes de si alguien más lo está viendo, recelosos de no ser los únicos, pero es tanta nuestra luz que estamos cegados y empezamos a elevarnos y levitar sobre la realidad.

Somos los elegidos, la clarividencia es total, tenemos la respuesta, seguimos elevándonos sobre la realidad y ya casi tocamos el cielo con las manos, podemos ver nítidamente el camino que nos espera, el éxito, el reconocimiento, el bienestar que nos va a procurar a nosotros y al mundo nuestra idea reveladora.

Ocurre que llega un momento que no podemos ascender más y hay que validar y aterrizar esa idea y claro, generalmente estamos muy arriba y la hostia que nos metemos contra el suelo es grande y dolorosa.

Sobre todo si no hemos llevado a cabo las validaciones necesarias para no seguir elevándonos e invirtiendo tiempo y dinero.

Que tu idea sea un fracaso cuanto antes

Si tiene que serlo, que sea cuanto antes. Lo importante es detectarlo lo más rápido posible y ahorrar tiempo, costes y frustaciones.

Fracasar es por tanto una oportunidad de negocio en sí misma. Los fracasos esconden lecciones, aprendizajes y nuevas oportunidades.

Lo importante, la moraleja o aprendizaje que encierra este texto, es que no esperes a validar tu idea, a compartirla, a ponerla a prueba, a darle cuerpo y forma, a validarla.

Sácala ahí fuera antes de que te enamores tanto de ella que te levantes del suelo y pierdas el contacto con la realidad.

Sé valiente, investiga, valida. Emprende.

Si quieres validar tu idea de negocio, puedo ayudarte

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David Álvarez González